10 de abril de 2008
ROCHESTER, Minnesota: El cáncer de hígado, mortal y difícil de tratar, se ha resistido a los intentos de los científicos por desarrollar formas de prolongar la vida de los afectados y evitar su recurrencia. Sin embargo, el Centro Oncológico de Mayo Clinic, conjuntamente con el Instituto Nacional del Cáncer, informan en la edición de abril de Hepatology que la proteína sulfatasa 2 (SULF2) podría brindar una de las claves para empezar a diseñar nuevas terapias.
El Centro Oncológico de Mayo Clinic es líder en el campo investigativo sobre el impacto y efecto de la SULF1, proteína cuya función normal es degradar la heparina sulfato proteoglicano, moléculas que son parte azúcar y parte proteína. Los científicos de Mayo descubrieron que la proteína también ayuda a inhibir el crecimiento tumoral. Ahora, los investigadores de Mayo estudian un gen asociado, el SULF2. La función del gen y proteína SULF2 aún no se ha definido completamente; pero en este estudio, los científicos investigaron el efecto de SULF2 sobre el crecimiento del tumor hepático en el laboratorio. Descubrieron que el aumento en la expresión de SULF2 resalta el crecimiento y migración de células cancerosas, mientras que su menor expresión disminuye ambas.
"El hígado está diseñado para excretar toxinas y los tumores hepáticos no son una excepción", dice el gastroenterólogo de Mayo Clinic, Dr. Lewis Roberts, investigador principal del estudio. "El problema es que los tumores tienden a excretar sustancias quimioterapéuticas en lugar de afectarse por ellas, y esa es la razón por la que buscamos maneras de eludir esto".
Los científicos buscaron la respuesta mediante el examen de una proteína asociada a otra ya conocida por desempeñar una función en la supresión de los tumores hepáticos. La SULF1 y SULF2 son proteínas similares, pero producen resultados opuestos. La SULF1 retira los grupos sulfatos que permiten a los factores de crecimiento unirse a las células y así inhibir su crecimiento. Los científicos descubrieron que la SULF2 realizaba lo opuesto; es decir hacía mayor la unión de un factor de crecimiento específico, el factor 2 de crecimiento de fibroblasto (FGF2), a las células tumorales y también aumentaba la expresión de la heparán sulfato proteoglicano glipicano 3 (GPC3), que desempeña un papel importante en la división y crecimiento celulares. Estos descubrimientos fueron confirmados en ratones modelo.
Este descubrimiento les indica a los científicos que si pueden disminuir los niveles o actividad de la SULF2 en un tumor, podrían lograr detener su desarrollo. Los investigadores de Mayo exploran el uso de una sustancia que imita a la heparina e inhibe la SULF2. De igual manera, examinan si evitar la síntesis de la heparina sulfato inhibiría el crecimiento del tumor.
"Si algo tiene un efecto muy amplio en la señalización de los factores de crecimiento, eso podría conducir a un tratamiento eficaz", comenta el Dr. Jinping Lai, investigador oncológico de Mayo y autor principal del estudio. "La SULF2 tiene varias características que la convierten en un objetivo atractivo, como el hecho de que está ampliamente presente en los tumores. Exploramos varias alternativas para la SULF2 como un punto central en el tratamiento no sólo del cáncer de hígado, sino también de cuello y cabeza, páncreas, mama y otros tipos de cáncer".
Los investigadores esperan identificar fármacos que bloqueen a la SULF2 y procuran comprender a cabalidad los mecanismos implicados, incluso determinar cuáles son las otras vías de señalización del crecimiento que se ven afectadas por la SULF2. Ellos analizan más a fondo el GPC3 como un posible biomarcador de cáncer hepático o como un posible objetivo terapéutico.
En el año 2007, el Dr. Lai presentó información durante la reunión anual de la Asociación Americana para Investigación sobre el Cáncer sobre la función de la SULF2 en la supervivencia de pacientes con cáncer de cabeza y cuello, primera conexión concreta a la supervivencia de los pacientes con un tipo específico de tumor.
Otros investigadores de Mayo que participaron en este estudio fueron: Catherine Moser, Ileana Aderca, Megan Garrity-Park, además de los doctores Rubén Bonilla Guerrero, Hongzhi Zou, Abdirashid Shire, David Nagorney y Schuyler Sanderson. Participaron también los ex-fellows, doctores Dalbir Sandhu, Tao Han y Hajime Isomoto, así como Kenard Jackson; y los ex-miembros del personal, doctores Alex Adjei, y Chunrong Yu, ambos actualmente del Roswell Park Cancer Institute en Buffalo, Nueva York. Otros colaboradores fueron los doctores Ju-Seog Lee y Snorri Thorgeirsson, del Instituto Nacional del Cáncer en Bethesda, Maryland.
Esta investigación se financió gracias a los Institutos Nacionales de Salud, la Fundación de la familia de Richard M. Schulze, el Centro Oncológico de Mayo Clinic y el Centro para Enfermedades Digestivas Miles y Shirley Fiterman también de Mayo Clinic. Para más información respecto la investigación sobre cáncer de hígado en Mayo Clinic, visite: http://mayoresearch.mayo.edu/mayo/research/gastro_cancer/hepatobiliary.cfm.
Mayo Clinic, a través de un enfoque dedicado a las necesidades individuales de los pacientes, proporciona servicios de diagnóstico y tratamiento en cada sub-especialidad en sus instalaciones de Rochester en Minnesota, Jacksonville en Florida, Phoenix y Scottsdale en Arizona.
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